Ayer despedimos con mi familia el
año 2014, desde el balcón mirando hacia los cerros tutelares de occidente, con
una luna medio llena o medio vacía y un sinnúmero de explosiones multicolores
que arrugaban mi corazón tanto porque era presagio de que se iba el año y
también de que alguien se estaría quemando; pensé …ojala no sea un niño.
Pues no me equivoque, tanto el
año se esfumo, como 5 niños se quemaron con pólvora en la noche de anoche…a
pesar que la administración municipal en cabeza de su alcalde lo había
prohibido mediante un decreto, no expender pólvora, pero por supuesto tampoco
comprarla, es tan ilícito el que la expende estando prohibido, como el que la
compra estando prohibido su expendió.
Hoy escuche cuando un periodista cuestionaba
al alcalde y casi que lo culpaba por estos cinco quemados y los 11 adultos
también quemados; 16 quemados en total, cuando en el 2013 habíamos tenido 7.
Pero de quien es la culpa…yo recuerdo que en mi niñez con mis familiares
manipulábamos pólvora y por supuesto… más de una vez nos quemamos, algunos
amigos más graves que otros, pero de estos amigos incluyéndome, puedo asegurar
que aprendimos la lección; ninguno de nuestros hijos sabe que es manipular
pólvora. En 11 años que tienen casi todos ellos, no sabemos que es una quemada
por pólvora en diciembre y vieran como disfrutan de las fiestas en familia.
Hoy cuando en las redes sociales
y los periódicos digitales se hablaba de la estadística de quemados del día 31,
no vi a ningún aspirante a gobernar la
ciudad, apoyar al alcalde diciendo que hay que cambiar la cultura de la
pólvora, que no debemos exponer a nuestros hijos que son el futuro del
municipio a una mutilación parcial o total de un miembro o cegar de por vida
una de estas criaturas por causa de la irresponsabilidad y en muchas ocasiones conductas
de personas llenas de alcohol en la cabeza. Claro que no los vi, eso no da
votos, pero eso es gobernar y dirigir una ciudad hacia un mejor mañana.
Hoy me contaron que la madre de
uno de estos niños quemados de la noche de anoche, lloraba desconsolada y
explicaba que ella nunca le compra pólvora a su hijo, pero que un
artefacto de pólvora que salió disparado
de un recipiente metálico, fue a depositarse directo en el ojo izquierdo de su
pequeño hijo de 9 años el cual nerviosamente esperaba que le dijeran que tan
comprometido estaba su ojo.
Hay decisiones de ciudad que por
la cultura histórica de la misma, se hacen impopulares, pero son de origen
responsable y buscan enderezar el futuro; futuro el cual ha quedado parcial o
totalmente modificado para estos pequeños cinco cucuteños.
Dios nos proteja y proteja a los
hijos de Cúcuta. Feliz Año.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
DEJE SU COMENTARIO SOBRE LA COLUMNA ACA.