domingo, 19 de julio de 2026

Cúcuta tiene el proyecto del siglo frente a sus ojos… y no lo ha querido ver

 



Las ciudades no se recuerdan únicamente por las obras que construyen. Se recuerdan por las oportunidades que supieron identificar y por las decisiones que tomaron cuando tenían la posibilidad de transformar su futuro.

La historia demuestra que las grandes ciudades son aquellas que descubren cuál es su mayor riqueza y tienen la visión para convertirla en el motor de su desarrollo. Algunas lo hicieron a través de sus ríos, otras mediante su patrimonio, su cultura o su ubicación estratégica. Pero todas tuvieron algo en común: pensaron más allá del presente.

Cúcuta se encuentra hoy frente a una de esas decisiones.

La administración municipal ha venido anunciando importantes proyectos orientados al turismo y al desarrollo económico. Se ha hablado de un gran parque temático en las afueras de la ciudad y, recientemente, de una inversión cercana a los 60 mil millones de pesos para el sector sur del Malecón.

Son iniciativas que merecen ser analizadas, porque toda inversión que busque generar desarrollo es importante. Pero precisamente por la magnitud de estos recursos surge una pregunta que debería estar en el centro del debate ciudadano:

¿Estamos invirtiendo en aquello que realmente puede transformar a Cúcuta durante los próximos cien años?

Esta no es una discusión contra un proyecto ni contra una administración. Es una reflexión sobre el modelo de ciudad que queremos construir.

Porque las ciudades no cambian solamente acumulando obras. Cambian cuando tienen la capacidad de reconocer sus verdaderas oportunidades.

Y quizás la mayor oportunidad de Cúcuta ha estado siempre frente a nosotros: el río Pamplonita.

Durante décadas hemos visto el río como un problema. Lo recordamos cuando llegan las crecientes, cuando amenaza una infraestructura o cuando aparecen las dificultades ambientales. Pero pocas veces lo hemos mirado como lo que realmente puede ser: el gran eje urbano, ambiental y turístico de la ciudad.

Mientras otras ciudades del mundo recuperaron la relación con sus ríos, Cúcuta fue perdiendo poco a poco la conexión con el suyo. El Pamplonita ha sufrido el deterioro de su caudal, la pérdida de biodiversidad y problemas históricos relacionados con la calidad del agua.

Por eso la pregunta es inevitable:

¿No tendría mayor trascendencia para la ciudad recuperar integralmente el río y convertirlo en el gran proyecto de transformación urbana de Cúcuta?

La diferencia es enorme. Un parque temático debe construirse desde cero. El Pamplonita ya existe. Tiene historia, identidad y pertenece a la memoria de los cucuteños.

El desafío no es construir una ciudad alrededor de un escenario artificial. El desafío es recuperar el patrimonio natural que ya tenemos.

Pero para ello debemos entender algo fundamental: ningún proyecto turístico puede tener éxito si antes no resolvemos la condición ambiental del lugar donde se desarrolla. No tiene sentido imaginar un gran malecón, espacios gastronómicos, zonas culturales o escenarios recreativos si el río continúa transmitiendo deterioro y abandono.

Primero debemos devolverle la vida al Pamplonita.

Después podremos convertirlo en un verdadero símbolo de ciudad.

El mundo ya nos ha mostrado el camino. Grandes ciudades entendieron que sus ríos podían ser motores de desarrollo urbano, turístico y económico. Recuperaron sus cauces, protegieron sus ecosistemas y los transformaron en espacios de encuentro ciudadano.

Cúcuta puede construir su propia historia.

Un Pamplonita recuperado, con sus zonas críticas protegidas, con soluciones modernas de ingeniería hidráulica, con espacios verdes, senderos, ciclorrutas, miradores y escenarios culturales, podría convertirse en una de las mayores oportunidades de transformación urbana de nuestra región.

No solo mejoraría el paisaje. Generaría turismo, empleo, inversión privada y, sobre todo, devolvería a los cucuteños el orgullo por uno de sus mayores patrimonios naturales.

Pero una transformación de esta magnitud requiere algo que hemos necesitado durante décadas: visión de largo plazo.

Las grandes ciudades no se construyen pensando únicamente en el próximo período de gobierno. Se construyen con proyectos que pertenecen a varias generaciones.

Cúcuta necesita dejar de preguntarse únicamente qué obra vamos a inaugurar y comenzar a preguntarse qué ciudad queremos dejar.

Quizás el mayor proyecto turístico de Cúcuta no está en las afueras.

Quizás ha estado siempre frente a nosotros, esperando que tengamos la visión suficiente para comprender que el Pamplonita no es un problema que debemos soportar.

Es la oportunidad que debemos aprovechar.

Porque las ciudades que dejan huella no son las que más obras acumulan.

Son las que descubren su mayor riqueza y tienen el valor de convertirla en el corazón de su futuro. ¿ O ME EQUIVOCO?

 


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