La primera es evidente: ¿y ahora qué, alcalde Porque
tener el 51 % de las acciones no es lo mismo que tener el 100 % de la capacidad
para mejorar el servicio, bajar tarifas o evitar que los intereses privados
sigan dictando las reglas del juego. Ser mayoría solo importa si esa mayoría se
pone al servicio de los ciudadanos y no de otros fines.
Pero hay otra pregunta aún más inquietante, que hasta ahora
nadie en la administración ha querido contestar:
¿y entonces quién será el dueño de la mitad menos uno del
agua y de la mitad menos uno del aseo en Cúcuta?
Esa fracción que queda por fuera del control público sigue
siendo significativa. ¿Estará en manos de los mismos operadores de siempre? ¿De
fondos de inversión? ¿De grupos empresariales con intereses cruzados? ¿Tendrán
voz y voto en las decisiones clave? Porque no se trata solo de “recuperar el
poder”, sino de explicar con claridad cómo se redistribuye ese
poder y qué implicaciones tendrá para la ciudad.
A lo largo de los años, muchas ciudades han intentado
reestructurar sus servicios públicos prometiendo mayor autonomía y eficiencia.
En algunos casos han sido logros reales; en otros, solo cambios de nombre y de
cargos, sin impacto positivo en los usuarios. Cúcuta no puede repetir ese
guion.
Por eso, la ciudadanía necesita más que un anuncio con tono
de victoria. Necesita información transparente, cifras claras y planes
concretos. No basta decir que “seremos dueños”; hay que explicar qué
vamos a hacer con esa propiedad, quién la va a gestionar, cómo se evitará
la politiquería, y cuál será el efecto real en la prestación del servicio.
Alcalde, si esta apuesta es seria, entonces es hora de
detallar:
- ¿Cómo
se comprará ese 51 %? ¿Con qué recursos?
- ¿Habrá
cambios en las tarifas?
- ¿Qué
pasará con los actuales operadores?
- ¿Cómo
se garantizará participación y control ciudadano?
- ¿Quién
pondrá la cara si el servicio sigue igual… o empeora?
Porque sí, todos queremos que el agua y el aseo estén al
servicio de la ciudad. Pero también queremos que esa “mitad más uno” no se
quede en manos de unos pocos, sino que realmente signifique mayor
control social, mejor calidad, más cobertura y, sobre todo, dignidad para
quienes hoy siguen esperando que los servicios básicos funcionen como deben.
Está bien tener ambición. Pero ahora es momento de demostrar
que no estamos frente a una jugada de poder, sino ante un verdadero cambio
de modelo. O ME EQUIVOCO?
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