domingo, 7 de junio de 2026

Entre la tragedia nacional y un debate inútil

 



Durante los últimos días, después de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Colombia ha sido testigo de una discusión que, francamente, resulta difícil de comprender cuando se observa la magnitud de los problemas que enfrenta la nación.

La controversia gira alrededor del uso de la camiseta de la Selección Colombia por parte del candidato presidencial Abelardo de la Espriella durante actividades de campaña. Lo que para muchos podría haber sido una anécdota menor terminó convirtiéndose en un debate nacional, ocupando espacios en medios de comunicación, redes sociales, círculos políticos e incluso estrados judiciales.

Y es precisamente ahí donde surge una pregunta inevitable: ¿de verdad esto es lo más importante que tiene Colombia para discutir?

Mientras millones de colombianos se levantan cada mañana preocupados por conseguir empleo, mientras cientos de familias esperan una cita médica que nunca llega, mientras la inseguridad continúa golpeando barrios, municipios y carreteras, mientras el narcotráfico sigue alimentando la violencia y mientras regiones enteras viven bajo la amenaza de grupos armados ilegales, una parte del país decidió concentrar su atención en una camiseta.

Una camiseta.

No en la crisis de la salud. No en la calidad de la educación. No en el desempleo. No en la inseguridad. No en la corrupción. No en la pobreza. No en la infraestructura. No en la situación de miles de víctimas que siguen esperando respuestas del Estado.

Una camiseta.

Más preocupante aún es que esta controversia haya escalado hasta los despachos judiciales. Que una tutela haya sido admitida para discutir un asunto de esta naturaleza deja una sensación inquietante sobre las prioridades institucionales del país. Mientras miles de procesos relacionados con derechos fundamentales, atención médica, seguridad social y protección de ciudadanos esperan resolución, Colombia observa cómo parte de su aparato judicial debe invertir tiempo y recursos en analizar una controversia que difícilmente cambiará la vida de un solo colombiano.

La justicia existe para proteger derechos fundamentales y garantizar el orden constitucional. Convertir cualquier polémica política en un litigio judicial corre el riesgo de banalizar herramientas que fueron creadas para resolver problemas verdaderamente trascendentales.

Pero la responsabilidad no recae únicamente en quienes promovieron la controversia. También es una responsabilidad colectiva. Como sociedad hemos desarrollado una preocupante capacidad para distraernos con debates superficiales mientras los problemas estructurales siguen creciendo frente a nuestros ojos.

Nos indignamos durante días por una fotografía, una frase, una camiseta o una publicación en redes sociales, pero rara vez mantenemos el mismo nivel de atención cuando se habla de hospitales colapsados, escuelas deterioradas, vías abandonadas, corrupción administrativa o inseguridad ciudadana.

La verdadera pregunta no es si un candidato debía o no usar la camiseta de la Selección Colombia.

La verdadera pregunta es por qué una nación con tantos desafíos termina dedicando tanto tiempo a una discusión tan poco relevante para el bienestar de sus ciudadanos.

Quizá el problema no sea la camiseta.

Quizá el problema sea que hemos perdido la capacidad de distinguir entre lo importante y lo accesorio.

Y mientras seguimos atrapados en debates que no producen empleo, no mejoran la salud, no fortalecen la educación y no aumentan la seguridad, los problemas reales continúan avanzando.

Silenciosamente.

Esperando que algún día Colombia decida hablar de ellos con la misma pasión con la que discutió sobre una camiseta. ¿O ME EQUIVOCO?

 


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