domingo, 15 de junio de 2025

EL VESTIDO DEL EMPERADOR...OVEJA O LOBO ?

 


Vivimos una época que amenaza con disolver las formas políticas que con sangre y fuego construyeron el mundo libre en el siglo XX. Estamos asistiendo a un fenómeno que el mundo mundial creía superado: la creciente seducción del populismo y del autoritarismo, que se viene propagando como un virus que amenaza naciones como la nuestra, que parecía como si se hubiese aplicado una dosis fuerte contra esta virulenta situación, pero que hoy en día puede ser que dicha dosis ya no la proteja.

¿Cuál es el verdadero vestido del emperador?… ¿De qué está hecho? ¿Es de piel de oveja o es de lobo? Gritan en las esquinas de las plazas, mientras los sonidos de las bombas y los muertos selectivos vienen apareciendo impredeciblemente, mientras el pueblo, inconscientemente consciente, se siente atrapado en la oscuridad de los días del siglo pasado, que se presumen ya habían pasado.

Esta regresión parece que no es, como muchos pretenden, un accidente temporal, una nota marginal en los periódicos… no; más bien me parece que es una crisis profunda de civilización, una deformación sentimental de la política. Ese populismo que se asoma hoy en Colombia —y ojo, que su hermano mayor es el autoritarismo—, al que se le quiere invitar a convivir con nosotros, despreciando los procedimientos, anulando los contrapoderes y degradando la libertad individual, mostrándese, inclusive, al mundo como los protectores de la Constitución.

Los efectos están a la vista: se destruye la economía, se persigue la disidencia, se erosiona la independencia judicial, se controla la información y se convierte al ciudadano en súbdito sin que éste apenas lo note. En nombre del pueblo se suprime al pueblo y en nombre de la patria se la vacía de sentido; el que no opine igual es traidor y, de hecho, traiciona al pueblo… ¿pero quién les ha adjudicado al pueblo y de cuál pueblo hablan?

Así se ve el panorama hoy de una libertad que podría ser encerrada sin fecha de vencimiento. Esto ha sucedido recientemente en otras latitudes y, al pasar la barda de la frontera más cercana a nuestras regiones… allí pagaron el precio para que no tuviera fecha de caducidad la adjudicación del pueblo; así el vestido no fuera invisible y todos vieran de qué piel están hablado los periódicos o los pocos que quedaron, que no son traidores del pueblo.

Espero que me equivoque en todo lo que he escrito en estas líneas. Espero que el vestido del emperador lo vean todos y todas… para que, por fin, las imágenes de la Colombia oscura del siglo XX se queden allí congeladas para siempre. ¿O me equivoco?

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