domingo, 7 de septiembre de 2025

LA OTRA CUCUTA : EL ROSTRO INVISIBLE DE LA NOCHE

 

Una lluvia persistente acompañó un recorrido nocturno por la ciudad que comenzó como un gesto solidario y terminó revelando una realidad incómoda. En apenas dos horas fueron cuarenta y cinco los habitantes de calle encontrados en distintas esquinas, hombres, mujeres y ancianos que sobrevivían entre cartones mojados, hambre y adicción. Muchos con acento venezolano, otros con la mirada perdida por el consumo de drogas, todos con la huella de un abandono que ya no sorprende, pero sí debería avergonzar.

Lo que se vivió esa noche es apenas una muestra de lo que sucede cada día en las calles de San José de Cúcuta. La presencia masiva de migrantes sin oportunidades, el acceso fácil a drogas en una ciudad atravesada por rutas del narcotráfico y la falta de políticas públicas reales han convertido a la indigencia en un paisaje habitual. La política de “habitante de calle” parece existir solo en documentos oficiales, mientras en la práctica la ciudad crece en desarraigo y deshumanización.

Aun así, en medio de la crudeza, sorprendió encontrar que muchos de ellos conservan la fe en Dios como un escudo frente al dolor. Algunos hacen la señal de la cruz al recibir un alimento, otros agradecen con una oración, y no falta quien se refugie en los áticos de las iglesias para que la noche no los devore del todo. Esa espiritualidad, lejos de ser un detalle menor, muestra la necesidad de aferrarse a algo que dé sentido cuando la calle ha arrebatado casi todo. Y al mismo tiempo, interpela a una ciudad que ha delegado en la providencia lo que debería ser una responsabilidad compartida: garantizar condiciones mínimas de dignidad y protección.

Resulta más sencillo ignorar a quienes duermen en el suelo que preguntarse cómo llegaron allí. Sin embargo, cada uno de ellos arrastra una historia que evidencia fracturas más profundas: familias rotas, violencia cotidiana, desempleo, indiferencia estatal. Cúcuta no puede seguir normalizando esta tragedia silenciosa. No se trata solo de repartir un plato de comida bajo la lluvia, sino de asumir que estamos frente a un problema estructural que requiere rehabilitación, empleo digno y programas sostenidos de inclusión social.

La otra Cúcuta no está en los discursos políticos ni en los informes institucionales. Vive en los parques, bajo los puentes y en las calles húmedas donde el cartón no alcanza para cubrir el frío. Reconocerla no es una opción, es una urgencia. Mientras no se asuma con seriedad, la ciudad seguirá mostrando dos caras: la oficial, maquillada para las fotos, y la real, la que se ve de noche bajo la lluvia. ¿ O ME EQUIVOCO ?


2 comentarios:

  1. Excelente análisis. La ciudad nesecita dirigentes quencia. Inseguridad.salud y otros problemas sociales que están aquejando la nuestro territorio. Cordial saludo
    poyen lo social. Basuras, indige

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  2. No se equivoca tal cual, la migración de indigencia es bárbara, sin poder hablar con las autoridades del país vecino para q asuman la responsabilidad y q no sigan enviando de allí para acá. Y Cúcuta necesita de urgencia soluciones a este problema, la situación de requisitos para q ellos acepten también hay q cambiarlos, muchos q hacer frente a este tema y no se le presta mucha atención a esto tan delicado !ojo!

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