Hace unos días visitamos un restaurante popular de nuestra ciudad para degustar un plato tradicional. Estábamos prácticamente solos en el lugar; la hora pico del almuerzo ya había pasado. Hicimos nuestro pedido y fuimos atendidos muy bien... muy bien.
Todo marchaba de maravilla
hasta que se nos antojó un poco más de la salsa especial de la casa. Miré a mi
derecha y observé que todos los meseros se habían sentado en una mesa contigua
para tomar su almuerzo. Entonces tomé la decisión de levantarme, acercarme al
mostrador y solicitarle la salsa directamente a la administradora del
establecimiento.
La señora me miró y dijo:
—Por favor, puede pedírsela a
uno de los meseros.
Le respondí:
—He decidido pedírsela
personalmente porque ellos están almorzando.
Entonces llegó una respuesta
que me dejó profundamente desconcertado:
—Ellos no tienen derecho a
sentarse porque están trabajando.
La miré directamente a los
ojos y le dije:
—Por favor, entrégueme usted
la salsa, porque no voy a molestar a ninguna de estas personas mientras toman
su almuerzo.
La conversación terminó allí. Sin embargo, el episodio siguió dando vueltas en mi cabeza durante el resto del día.
¿Qué nos está pasando como
sociedad? ¿En qué momento comenzamos a creer que una persona pierde su derecho
al descanso, al alimento o a un momento de tranquilidad simplemente porque está
desempeñando un trabajo?
Aquella frase —"no tienen
derecho a sentarse porque están trabajando"— es mucho más que una
desafortunada respuesta. Es el reflejo de una enfermedad silenciosa que se está
extendiendo por nuestra sociedad: la deshumanización de lo humano.
Estamos dejando de ver
personas y comenzamos a ver únicamente funciones. El mesero deja de ser un ser
humano y se convierte en "el que sirve las mesas". El vigilante pasa
a ser "el que abre la puerta". La enfermera es "la que atiende
pacientes". El cajero es "el que recibe el dinero". El profesor
es "el que enseña". Poco a poco, vamos reduciendo la dignidad de las
personas a la utilidad que representan para nosotros.
Y este fenómeno no ocurre
solamente en un restaurante.
Sucede en un centro médico cuando olvidamos que el médico, la enfermera o el auxiliar también se cansan, se enferman y tienen problemas. Pero también se hace evidente en muchos centros de salud, precisamente en lugares donde la empatía debería ser un principio inquebrantable. Con frecuencia, algunos miembros del personal olvidan que quien acude a una consulta, a una urgencia o a una hospitalización lo hace porque está enfermo, porque atraviesa un momento de dolor, de miedo o de profunda incertidumbre.
No es aceptable que un paciente sea tratado con indiferencia, con desdén o que no se haga todo lo humanamente posible por aliviar su situación. Y, con demasiada frecuencia, también se olvida que detrás de cada paciente hay una familia que llega preocupada, estresada y emocionalmente desestabilizada, cargando el peso de la angustia y la incertidumbre. Humanizar la atención en salud no es un acto de cortesía; es un deber moral y una expresión elemental de nuestra propia humanidad.
Vivimos en una época que
presume de grandes avances tecnológicos, pero que parece estar perdiendo la
capacidad de mirar a los demás con empatía. Hemos aprendido a exigir derechos,
pero se nos está olvidando respetar la dignidad de quienes nos rodean.
Quizás el problema más grave
de nuestra sociedad no sea la crisis económica, ni la inseguridad, ni siquiera
la polarización política. Tal vez el verdadero problema sea que estamos dejando
de reconocernos en el otro.
Y una sociedad que convierte a
las personas en herramientas termina perdiendo algo mucho más valioso que la
productividad o la eficiencia: pierde su alma.
Tal vez ha llegado el momento
de hacer una pausa y recordar algo tan simple como esencial, detrás de cada
persona, hay un ser humano que siente, sueña, se cansa, se equivoca y merece
ser tratado con la misma dignidad y el mismo respeto que exigimos para
nosotros.
Porque la verdadera tragedia
de nuestro tiempo no es la falta de tecnología ni de progreso.
La verdadera tragedia es la
deshumanización de lo humano. ¿O ME EQUIVOCO?
BONUS TRACK : "La deshumanización comienza cuando olvidamos que la persona que tenemos enfrente siente, sufre y espera ser tratada con la misma dignidad que exigimos para nosotros mismos."
En este mundo donde todo lo queremos ya, procesos automatizados, resultados inmediatos, vamos perdiendo la calidez , la humanizacion , nos falta ponernos en los zapatos del otro , en este camino hay que tratar de dejar huellas bonitas con todas las personas que estan en nuestro alrededor.
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