domingo, 5 de abril de 2026

LA GUERRA SILENCIOSA

 


Colombia decide si existe o no...

Mientras Colombia se debate entre la derecha y la izquierda, entre si la “paz total” fue un fracaso o una apuesta fallida, hay una realidad silenciosa que avanza sin hacer ruido, pero con consecuencias mucho más profundas.

Una noticia que ha pasado casi desapercibida: cada vez nacen menos colombianos. Y no es una percepción, es un hecho. En 2025 el país registró apenas 433.678 nacimientos, la cifra más baja de la última década, consolidando una caída sostenida que ya supera el 30% frente a lo que ocurría hace apenas diez años.

Pero el dato más preocupante no es solo cuántos nacen, sino cuántos dejamos de reemplazar. Hoy Colombia tiene una tasa de fecundidad cercana a 1,0 hijos por mujer, cuando el nivel necesario para mantener la población es de 2,1. Es decir, estamos produciendo menos de la mitad de los hijos que se necesitan para sostener la sociedad en el tiempo.

Y aquí es donde el problema deja de ser estadístico y se vuelve estructural.


Porque esto no es solo Colombia. Es un fenómeno global. Europa lleva años con tasas cercanas a 1,3 hijos por mujer, Japón ronda 1,2 y países como Corea del Sur han caído por debajo de 1. Es decir, el mundo desarrollado envejece. Pero hay una diferencia clave: a ellos les tomó décadas llegar ahí.

A nosotros nos está pasando en menos de veinte años.

Colombia pasó de ser un país con crecimiento poblacional estable a uno que empieza a vaciar sus cunas a una velocidad que ni siquiera los países más ricos experimentaron. Y eso cambia todo.

Cambia la economía, cambia el mercado laboral, cambia la estructura social y, sobre todo, cambia el futuro.

Porque las políticas públicas —si es que aún creemos en ellas— se diseñan con base en proyecciones. Se asume que habrá nuevas generaciones que trabajen, coticen, consuman y sostengan el sistema. Pero hoy esas generaciones simplemente están dejando de existir.

Estamos discutiendo una reforma pensional basada en que los jóvenes de mañana financien a los adultos mayores de hoy. Pero la pregunta es inevitable: ¿cuáles jóvenes? Estamos debatiendo una reforma a la salud que necesita equilibrio financiero, ingresos constantes, personas aportando. Pero ese equilibrio —como en el sistema solar— depende de la masa, y esa masa se está reduciendo.

Estamos diseñando un país para una población que ya no viene.

Y entonces la discusión se vuelve más incómoda. ¿Por qué nacen menos colombianos?

Porque tener hijos dejó de ser una consecuencia natural de la vida y pasó a ser una decisión económica. Porque el costo de vida sube más rápido que los ingresos. Porque la estabilidad laboral es cada vez más frágil. Porque la vivienda es más difícil. Porque la incertidumbre le ganó terreno a la esperanza.

Y también porque el país no está ofreciendo razones suficientes para creer en el futuro.

Ahí es donde esto deja de ser un problema demográfico y se convierte en un reflejo profundo de lo que somos como sociedad.

Ahora, si bajamos la mirada a lo local, la pregunta es inevitable: ¿qué pasa en ciudades como Cúcuta?

Aunque las cifras municipales no siempre tienen la misma visibilidad nacional, la tendencia es la misma: menos nacimientos, menos familias nuevas, más envejecimiento progresivo. Y en una ciudad marcada por la informalidad, la falta de oportunidades y la presión económica diaria, la decisión de tener hijos se vuelve aún más difícil.

Lo que hoy parece una estadística, mañana será una realidad tangible: menos niños en los colegios, menos jóvenes en el mercado laboral, menos contribuyentes sosteniendo sistemas que ya hoy son frágiles, y más adultos mayores dependiendo de ellos.

Es una ecuación simple… con consecuencias enormes.

Nos estamos convirtiendo en un país de abuelos.

Y no hay nada malo en envejecer. El problema es envejecer sin relevo. Porque un país que deja de tener hijos no solo pierde población, pierde dinamismo, pierde crecimiento, pierde futuro.

Aquí no estamos hablando de ideologías, ni de izquierda ni de derecha. Estamos hablando de algo más profundo: de una sociedad que, poco a poco, está dejando de creer en el mañana.

Y tal vez esa sea la verdadera crisis de Colombia.

No la política.
No la económica.

Sino una más silenciosa y peligrosa:

la crisis de un país que ya no está seguro de querer existir en el futuro. ¿O ME EQUIVOCO?

 


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