la cultura vial no la hace una
sola persona, debe ser comunitaria para que los comportamientos sean culturales.
El concepto de cultura ciudadana
parte de la idea de que un gobierno (léase la alcaldía) puede impulsar mejoras
sustanciales en la convivencia, la seguridad y la participación democrática de
los ciudadanos mediante acciones sobre la cultura, y no sólo mediante acciones
jurídicas o de vigilancia y control. Estas últimas, al igual que los cambios económicos,
políticos y administrativos, y las mejoras en la infraestructura, son
fundamentales pero no suficientes. Es indispensable que todos, o la gran mayoría
de los ciudadanos (esto incluye columnistas y editorialistas), compartan
actitudes y comportamientos respetuosos de la ley y las normas básicas de
convivencia, que respeten los derechos de los demás y hagan valer los propios,
que promuevan la confianza y la cooperación mutuas con las autoridades, y que respondan
a principios democráticos.
El principio sobre el cual se
basa el concepto de cultura ciudadana es la existencia de tres sistemas
reguladores de la conducta: la ley, la moral y la cultura. Las jurídicas (las
leyes), las morales (o de la conciencia) y las culturales (las que comparte una
comunidad informalmente)”
En esencia, los actos de un ciudadano
pueden estar regulados ya sea por el respeto a la ley o el temor a las consecuencias
de infringirla, las convicciones personales sobre lo bueno y lo malo (moral), o
la costumbre sancionada socialmente (cultura).La regulación legal obedece a
diferentes tipos de motivaciones, según la naturaleza de cada individuo. “Uno
puede obedecer la regulación legal porque le parece admirable, porque admira la
manera como ha sido creada o como es aplicada, o porque admira sus efectos”
Otra motivación para obedecer la
ley es “la comprensión de su conveniencia o necesidad”. Así pues, cuando una
persona se asegura periódicamente de que su vehículo no emita gases contaminantes,
como lo obliga la ley, lo hace también porque comprende que esta restricción normativa
es para su propio beneficio y el de su comunidad.
De la misma manera, un ciudadano
puede obedecer la ley porque considera que es un deber hacerlo, aun cuando no
esté de acuerdo con ella. A estas motivaciones se agrega, finalmente, la
obediencia de la ley “por temor a la sanción legal, la multa o la cárcel”.
Pasar por alto un semáforo en
rojo puede quedar en la impunidad ante la inexistencia de un agente de policía
o de cámaras de vigilancia. Sin embargo, aun sabiendo esto, todos deberíamos abstenernos
de hacerlo, ya sea porque somos conscientes del peligro implícito o porque
consideramos que es nuestro deber respetar las señales de tránsito.
La regulación moral, “ligada a la
autonomía personal y a la formación del propio criterio”, permite que la
obediencia a las normas se derive “del placer que produce obedecerlas o del sentido
del deber”; es decir, de la satisfacción que produce ser coherente con los
propios principios. Además de la gratificación personal, las personas pueden
obedecer las normas morales por temor al sentimiento de culpa que les genera no
hacerlo. La regulación cultural, por su parte, corresponde a las normas del
grupo o la sociedad a la que se pertenece. Se refiere por ejemplo, a la forma de
vestir o a la manera de dirigirse a los demás. En este caso, la motivación para
cumplir con este tipo de normas puede provenir del deseo de aceptación o
reconocimiento por parte del grupo, o del temor al rechazo y la censura.
Lo importante entonces es no
colaborar desinformando para que el ciudadano del común, que viene conviviendo
en una ciudad que tiene un alto favoritismo por la “CULTURA DEL ATAJO”, sino
por el contrario hacer participe a la ciudadanía de que este tipo de medidas así
no halla un policía detrás de cada ciudadano para penalizar las faltas, es
nuestro deber democrático cumplirlas, con el amor democrático que debemos
sentir cada uno por nuestra ciudad.
No puedo sentarme en una esquina
a CRITICAR, como le hacen caso o no los ciudadanos a las medidas tomadas por el
alcalde, sobre todo si he sido elegido para tratar…por lo menos tratar de hacer
de mi ciudad una ciudad con mejor calidad de vida de la que recibí.
Yo pienso que las medidas que se
han venido tomando por la administración municipal en cuanto al ordenamiento
del transito en beneficio del mejoramiento de la movilidad y recuperación del
espacio publico, son sensatas y repercuten en evolucionar hacia una cultura
ciudadana que no hemos tenido por muchos años, habiendo pasado alcaldes y
concejales, que de pronto no hicieron lo suficiente y cayeron en el mismo caldo
de cultivo de la “CULTURA DEL ATAJO” y
se dejaron infectar desarrollando una epidemia que se instalo en nuestras vidas
y que ahora debemos tratar de erradicar.
Si todos contribuimos, si todos
trabajamos en equipo siguiendo las ideas de un líder que elegimos para
desarrollar sueños que nunca hemos podido lograr y que ahora tenemos la
oportunidad de por lo menos tratar de hacerlo, entonces tendremos una Cúcuta
para grandes cosas donde no caven los cínicos
pero si los cívicos.

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