miércoles, 11 de julio de 2012

CULTURA CIUDADANA PARTE I


la cultura vial no la hace una sola persona, debe ser comunitaria para que los comportamientos sean culturales.

El concepto de cultura ciudadana parte de la idea de que un gobierno (léase la alcaldía) puede impulsar mejoras sustanciales en la convivencia, la seguridad y la participación democrática de los ciudadanos mediante acciones sobre la cultura, y no sólo mediante acciones jurídicas o de vigilancia y control. Estas últimas, al igual que los cambios económicos, políticos y administrativos, y las mejoras en la infraestructura, son fundamentales pero no suficientes. Es indispensable que todos, o la gran mayoría de los ciudadanos (esto incluye columnistas y editorialistas), compartan actitudes y comportamientos respetuosos de la ley y las normas básicas de convivencia, que respeten los derechos de los demás y hagan valer los propios, que promuevan la confianza y la cooperación mutuas con las autoridades, y que respondan a principios democráticos.

El principio sobre el cual se basa el concepto de cultura ciudadana es la existencia de tres sistemas reguladores de la conducta: la ley, la moral y la cultura. Las jurídicas (las leyes), las morales (o de la conciencia) y las culturales (las que comparte una comunidad informalmente)”

En esencia, los actos de un ciudadano pueden estar regulados ya sea por el respeto a la ley o el temor a las consecuencias de infringirla, las convicciones personales sobre lo bueno y lo malo (moral), o la costumbre sancionada socialmente (cultura).La regulación legal obedece a diferentes tipos de motivaciones, según la naturaleza de cada individuo. “Uno puede obedecer la regulación legal  porque le parece admirable, porque admira la manera como ha sido creada o como es aplicada, o porque admira sus efectos”

Otra motivación para obedecer la ley es “la comprensión de su conveniencia o necesidad”. Así pues, cuando una persona se asegura periódicamente de que su vehículo no emita gases contaminantes, como lo obliga la ley, lo hace también porque comprende que esta restricción normativa es para su propio beneficio y el de su comunidad.

De la misma manera, un ciudadano puede obedecer la ley porque considera que es un deber hacerlo, aun cuando no esté de acuerdo con ella. A estas motivaciones se agrega, finalmente, la obediencia de la ley “por temor a la sanción legal, la multa o la cárcel”.

Pasar por alto un semáforo en rojo puede quedar en la impunidad ante la inexistencia de un agente de policía o de cámaras de vigilancia. Sin embargo, aun sabiendo esto, todos deberíamos abstenernos de hacerlo, ya sea porque somos conscientes del peligro implícito o porque consideramos que es nuestro deber respetar las señales de tránsito.

La regulación moral, “ligada a la autonomía personal y a la formación del propio criterio”, permite que la obediencia a las normas se derive “del placer que produce obedecerlas o del sentido del deber”; es decir, de la satisfacción que produce ser coherente con los propios principios. Además de la gratificación personal, las personas pueden obedecer las normas morales por temor al sentimiento de culpa que les genera no hacerlo. La regulación cultural, por su parte, corresponde a las normas del grupo o la sociedad a la que se pertenece. Se refiere por ejemplo, a la forma de vestir o a la manera de dirigirse a los demás. En este caso, la motivación para cumplir con este tipo de normas puede provenir del deseo de aceptación o reconocimiento por parte del grupo, o del temor al rechazo y la censura.

Lo importante entonces es no colaborar desinformando para que el ciudadano del común, que viene conviviendo en una ciudad que tiene un alto favoritismo por la “CULTURA DEL ATAJO”, sino por el contrario hacer participe a la ciudadanía de que este tipo de medidas así no halla un policía detrás de cada ciudadano para penalizar las faltas, es nuestro deber democrático cumplirlas, con el amor democrático que debemos sentir cada uno por nuestra ciudad.

No puedo sentarme en una esquina a CRITICAR, como le hacen caso o no los ciudadanos a las medidas tomadas por el alcalde, sobre todo si he sido elegido para tratar…por lo menos tratar de hacer de mi ciudad una ciudad con mejor calidad de vida de la que recibí.

Yo pienso que las medidas que se han venido tomando por la administración municipal en cuanto al ordenamiento del transito en beneficio del mejoramiento de la movilidad y recuperación del espacio publico, son sensatas y repercuten en evolucionar hacia una cultura ciudadana que no hemos tenido por muchos años, habiendo pasado alcaldes y concejales, que de pronto no hicieron lo suficiente y cayeron en el mismo caldo de cultivo de la  “CULTURA DEL ATAJO” y se dejaron infectar desarrollando una epidemia que se instalo en nuestras vidas y que ahora debemos tratar de erradicar.

Si todos contribuimos, si todos trabajamos en equipo siguiendo las ideas de un líder que elegimos para desarrollar sueños que nunca hemos podido lograr y que ahora tenemos la oportunidad de por lo menos tratar de hacerlo, entonces tendremos una Cúcuta para grandes cosas donde no caven los cínicos pero si los cívicos.

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