domingo, 5 de octubre de 2025

EN CÚCUTA, LA LEY DEL MÁS FUERTE REEMPLAZÓ LA CULTURA CIUDADANA.

 


En Cúcuta, la cultura ciudadana se ha vuelto un lujo escaso. Basta con caminar por sus calles para notar cómo la convivencia se ha ido erosionando entre el ruido, la indiferencia y la falta de respeto por lo público. Pareciera que la ciudad se acostumbró a sobrevivir en medio del caos, en lugar de aspirar a vivir en comunidad.

Los ejemplos sobran. El conductor que se pasa el semáforo en rojo sin pensar en el peatón; el motociclista que invade el andén como si fuera su pista personal; el ciudadano que arroja la basura a la calle con total naturalidad. Todo eso refleja un problema más profundo que va más allá de las normas: la ausencia de sentido colectivo, de esa conciencia mínima de que el espacio común también nos pertenece.

Hay un semáforo en Cúcuta que pareciera haberse vuelto invisible para los ciudadanos. Día y noche, los vehículos lo ignoran como si la luz roja fuera una simple sugerencia y no una advertencia de vida o muerte. Nadie se detiene, nadie reclama, nadie hace nada. Se ha vuelto una infracción normalizada, repetida una y otra vez frente a la mirada indiferente de todos, incluso cuando cruzan niños, ancianos o mascotas. Esa escena cotidiana retrata con crudeza lo que somos: una ciudad que ha perdido la capacidad de asombro ante el irrespeto y el peligro.

Durante años se ha intentado culpar a las autoridades, y en parte con razón. Pero la falta de cultura ciudadana no se resuelve solo con más policía o sanciones. Se necesita educación, ejemplo y coherencia desde el hogar, la escuela y las instituciones. Una sociedad que normaliza el irrespeto termina construyendo una ciudad sin alma, donde cada quien piensa solo en sí mismo.

Cúcuta necesita reencontrarse con el civismo, con ese compromiso silencioso que nos hace detenernos antes de hacer daño, que nos impulsa a cuidar lo que es de todos. La cultura ciudadana no se impone: se cultiva. Pero mientras sigamos confundiendo la “viveza” con la inteligencia y el “sálvese quien pueda” con libertad, seguiremos atrapados en el mismo círculo vicioso que tanto criticamos.

Es hora de que tanto las autoridades locales como los ciudadanos asuman su parte. Que se promuevan campañas reales de cultura ciudadana, no simples anuncios publicitarios. Que las escuelas enseñen valores cívicos con el mismo rigor con el que enseñan matemáticas. Y, sobre todo, que cada cucuteño entienda que el cambio no llega de afuera: empieza en su propia conducta diaria. Porque una ciudad solo progresa cuando su gente decide comportarse como comunidad y no como una multitud sin rumbo. ¿O ME EQUIVOCO?.

 


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