domingo, 9 de noviembre de 2025

ELPAÍS QUE MADRUGA PERO NO DESPIERTA

 

Colombia amanece temprano. Antes de que el sol pinte las montañas y los gallos marquen el pulso del día, ya hay millones de personas moviéndose entre el cansancio y la esperanza. En cada esquina, un termo de café sirve de excusa para empezar, para no rendirse. Pero detrás de ese ritual que nos define, hay una pregunta que flota en el aire: ¿estamos realmente despertando o solo aprendimos a madrugar?

El país sigue en su rutina, casi automática, mientras la inflación aprieta, la inseguridad multiplica los miedos y la política divide más de lo que une. Nos levantamos con la misma disciplina de siempre, pero con menos fe en el futuro. Hay algo en el ambiente —una mezcla de resignación y rabia contenida— que nos recuerda que la esperanza, aunque noble, también se cansa.

Creímos haber superado los días en que el miedo dictaba las rutas, en que la corrupción era paisaje y la mentira parte del uniforme político. Pero basta mirar los titulares para darnos cuenta de que muchas de esas sombras han vuelto a colarse por las rendijas del poder. Vemos rostros nuevos con viejas mañas, discursos que prometen renovación, pero huelen a pasado, y un Estado que parece más ocupado en justificarse que en servir.

El Gobierno insiste en que estamos en un proceso de cambio; la oposición, en que el país se nos cae a pedazos. Entre uno y otro discurso, la gente solo quiere llegar a fin de mes. Los sueños de transformación se han vuelto trámites lentos, discursos enredados o simples hashtags de ocasión. Y mientras tanto, la vida cotidiana sigue su curso, entre el rebusque, el trancón y el noticiero de las siete.

La polarización, ese deporte nacional que todo lo contamina, nos mantiene atrapados en la trampa del “ellos” y “nosotros”. Discutimos por ideologías, por redes, por colores, mientras el mundo se mueve a otra velocidad. Mientras aquí seguimos enredados en peleas políticas, otros países —y hasta otras regiones de Colombia— apuestan por la ciencia, la tecnología, la educación y la innovación. El siglo XXI avanza, casi en silencio, hacia su primera mitad… y nosotros seguimos debatiendo lo mismo de siempre, como si el tiempo no nos pasara factura.

Quizás el verdadero problema no sea la falta de trabajo o de oportunidades, sino esa sensación de que nada cambia, de que por más que madruguemos seguimos en el mismo punto. Nos acostumbramos a sobrevivir, a esperar el milagro de cada viernes, el anuncio de cada subsidio, la promesa de cada campaña. Pero despertar, de verdad, implica más que abrir los ojos: exige mirar lo que somos con honestidad brutal.

A veces parece que Colombia necesita un sacudón moral más que un ajuste económico; un reencuentro con su propia conciencia más que una reforma. Porque no hay café que despierte a un país que se volvió experto en justificar lo injustificable, ni esperanza que resista si seguimos normalizando lo que un día juramos no repetir.

Quizás sea hora de cambiar la rutina. De tomar el primer café, sí, pero no para seguir el mismo camino, sino para decidir, de una vez por todas, qué país queremos ser cuando amanezca.

Y aún hay razones para creer que ese despertar es posible. Porque en medio del ruido y la desconfianza, sigue habiendo colombianos que trabajan en silencio, que innovan, que educan, que siembran, que crean comunidad. Gente que no necesita micrófono para construir país, que entiende que el progreso no se grita: se cultiva. 


Tal vez el verdadero cambio empiece cuando aprendamos a escucharnos otra vez, cuando entendamos que este país —con todos sus tropiezos— sigue siendo una tierra de talento, de bondad y de oportunidades. El amanecer no llega solo por costumbre; llega cuando cada uno decide, desde su rincón, abrir los ojos con esperanza. Porque aún hay un país que madruga… y puede, si se lo propone, despertar de verdad. ¿ O ME EQUIVOCO?

 


1 comentario:

  1. Todos los despertadores que serán elegidos el año entrante sonarán solo para ellos y sus clanes.. O me equivoco?. A nuestro departamento y municipio sólo llegan cánceres que no nos matan pero nos hacen metástasis diariamente. El PAE es indigno las vías secundarias ni habla,; buen día mi buen amigo.

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