domingo, 22 de marzo de 2026

El fracaso del bilingüismo en Colombia

 


22 años de una política pública sin resultados reales en las aulas del país.


Cuántas cosas podríamos cambiar a futuro si realmente entendiéramos el valor del tiempo en los primeros años de vida. Allí, donde se forma el lenguaje, donde se construyen las bases del pensamiento, donde aprender no es una obligación sino una condición natural.

En Colombia, sin embargo, esa ventana de oportunidad parece haberse desperdiciado. La política pública de bilingüismo, lanzada con entusiasmo en 2004, prometía una transformación profunda del sistema educativo. Se habló de competitividad, de globalización, de cerrar brechas. Pero más de dos décadas después, la realidad cuenta una historia distinta.

Han pasado ya 22 años desde ese punto de partida. Eso significa que aquel niño que en 2005 comenzó su educación básica hoy debería, en teoría, dominar el inglés con la misma naturalidad con la que domina su lengua materna. No es una expectativa descabellada: es precisamente en esos años donde el colombiano promedio aprende a leer, escribir y comunicarse en español. Si el bilingüismo era una meta seria, ese resultado debía ser visible hoy.

Pero no lo es.

La pregunta entonces es inevitable: ¿qué fue exactamente lo que se prometió? ¿Formar ciudadanos bilingües o simplemente incorporar el inglés como una asignatura más en el horario escolar? Porque la diferencia entre una cosa y la otra es abismal, y los resultados parecen evidenciar que nunca se trató de lo primero.

Hoy, a simple vista, no existe un bilingüismo real en la educación colombiana. Lo que sí existe es una ilusión sostenida por documentos, planes y discursos oficiales. Basta mirar el tránsito hacia la educación superior: miles de estudiantes enfrentan el inglés como un obstáculo, no como una herramienta. Presentar un examen de nivel se convierte en un ejercicio de supervivencia académica, no en la demostración natural de una competencia adquirida.

Y entonces surge una conclusión incómoda: ¿hemos perdido el tiempo?

Más grave aún, ¿existieron realmente metas claras, medibles y alcanzables, o todo quedó en la retórica de una política pública bien intencionada pero mal ejecutada? Porque lo frustrante no es solo que los resultados no hayan llegado, sino la sospecha de que nunca hubo un camino real para alcanzarlos.

Pero más allá de las percepciones, los datos son aún más contundentes —y más incómodos.

Si algo debería evidenciar el éxito de una política pública educativa son sus resultados medibles. Y en Colombia, el principal termómetro es la prueba Saber 11. Allí, el panorama es revelador: en 2024, solo el 4% de los estudiantes alcanzó los niveles más altos de inglés, mientras que el 96% no logra comprender textos complejos en este idioma.

Es decir, después de 22 años de política de bilingüismo, prácticamente todo el sistema educativo sigue formando estudiantes con niveles básicos o insuficientes.

Más aún: la mayoría de estudiantes sigue concentrada en los niveles más bajos del Marco Común Europeo (A1 y A2), e incluso una proporción importante permanece por debajo del nivel mínimo esperado.

Esto no es bilingüismo. Es, en el mejor de los casos, una alfabetización mínima en inglés.

Pero el problema no termina en las aulas. Cuando se observa a Colombia en el contexto internacional, la situación se vuelve todavía más crítica. El país se ubica en niveles bajos de dominio del inglés a nivel global, lejos de las naciones que han logrado avances sostenidos en esta materia.

En ciudades como Cúcuta, la situación es aún más reveladora: programas oficiales han tenido que intervenir para reforzar el inglés de estudiantes justo antes de presentar las pruebas Saber 11, evidenciando que el sistema no logra desarrollar esa competencia de manera estructural durante la formación escolar.

Que cientos de estudiantes deban recibir cursos intensivos de última hora para enfrentar el examen no es un síntoma de avance, sino la confirmación de un modelo que no está formando bilingües, sino improvisando resultados.

Entonces, la conclusión deja de ser una opinión y se convierte en un hecho: Colombia no es un país bilingüe, ni siquiera en transición hacia serlo.

Lo que existe es una política que ha logrado institucionalizar la enseñanza del inglés, pero no su aprendizaje real. Una política que mide, clasifica y reporta… pero que no transforma.

Y entonces, después de más de dos décadas, la gran pregunta no es por qué Colombia no es bilingüe, sino por qué seguimos insistiendo en decir que lo será bajo las mismas fórmulas que ya fracasaron.

Porque el verdadero espejismo no es el bilingüismo: es creer que basta con enseñarlo para que exista. ¿ O ME EQUIVOCO ?

 


2 comentarios:

  1. Nuestro Honorable gobernador iba a poner hablar inglés hasta a nuestros indígenas, creo que no lo dejaron. Por algo se llama Sir William; lleva el inglés en su ser.

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