El próximo 26 de abril se llevarán a cabo en Colombia las
elecciones de los presidentes de las Juntas de Acción Comunal. En el caso de Cúcuta,
se elegirán más de 300 líderes comunales que representarán a sus barrios
durante los próximos cuatro años.
No es un tema menor. Es, literalmente, la base de la
democracia.
Lo vimos hace apenas unos días con el otrosí del contrato
del relleno sanitario de Guayabal. Un tema que sacudió el debate público, que
encendió el Concejo y que dejó en el aire preguntas fundamentales sobre la
conveniencia, la transparencia y el impacto de lo firmado. Mucho ruido, muchas
posiciones… pero una ausencia que sigue pesando: la de los entes de control con
pronunciamientos claros y oportunos.
Y ahora, casi en paralelo, la historia se repite en otro
escenario. Más pequeño, más silencioso, pero igual de importante.
No es un asunto menor. Es la esencia misma de la
participación ciudadana.
Pero la respuesta institucional vuelve a ser la misma:
trámite.
Se remite.
Se traslada.
Se diluye.
Y entonces la pregunta es inevitable:
¿quién está controlando realmente?
El problema es que, grande o pequeño, el mensaje para la
ciudadanía es el mismo: las dudas existen… pero las respuestas no llegan.
Y cuando eso pasa, la confianza se rompe.
Se rompe en los grandes contratos, donde debería existir una
vigilancia estricta sobre los recursos públicos.
Y se rompe en los barrios, donde debería protegerse el primer eslabón de la
democracia.
Porque las Juntas de Acción Comunal no son un trámite. Son
el punto de partida de la participación real.
Y si ese punto de partida se contamina, todo lo demás queda en entredicho.
Aquí no se trata de condenar sin pruebas. Se trata de exigir
lo mínimo: presencia institucional real.
Que el control controle.
Que investigue cuando hay dudas.
Que hable cuando el silencio genera más incertidumbre que tranquilidad.
Hoy, a pocos días de las elecciones, la denuncia presentada
por una ciudadana del barrio Guaimaral sigue sin una respuesta institucional de
fondo.
Y si lo que allí se advierte resulta ser cierto, estaríamos ante algo mucho más
grave que una irregularidad puntual:
estaríamos permitiendo que se vulnere, en silencio, el
primer eslabón de la democracia… sin que pase absolutamente nada. ¿ O ME
EQUIVOCO?

Ellos mismos nombran Heynes mogollónes para que los investiguen u ofrecen plata o plomo.
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