El plan piloto implementado por
la Secretaría de Movilidad de Cúcuta en la avenida Libertadores —que contempla
el cierre de un carril a la altura de la calle 15 del Malecón— ha generado
fuertes reparos por parte de veedores y conductores. Estos señalan que la
medida, lejos de agilizar, estaría ocasionando mayores trancones y molestias.
Sin embargo, es justo reconocer
que el actual secretario de Movilidad, aunque poco conocido, parece ser uno de
los pocos funcionarios en más de una década que al menos se ha detenido a
pensar en cómo mejorar la movilidad de la ciudad. Pensar que con pequeñas
intervenciones, sin necesidad de grandes recursos, se pueden lograr cambios
significativos, es un avance. Si a esto se suman las inversiones necesarias en
infraestructura vial, la ciudad podría comenzar a ver resultados alentadores.
No obstante, a esta iniciativa
conviene sumarle ajustes de fondo. El primero: eliminar los reductores de
velocidad en una vía rápida como lo es la avenida Libertadores, pues
constituyen un obstáculo que retrasa el flujo vehicular, especialmente en horas
pico, en sentido Sur–Norte.
En sentido Norte–Sur, la situación también demanda correctivos. A la altura del puente Elías M. Soto se debería considerar el cierre permanente de la oreja que conecta con los Libertadores, así como la supresión del ingreso por la avenida 9E. Estas maniobras obligarían a los vehículos provenientes de San Mateo a utilizar las avenidas alternas de la diagonal Santander, descongestionando el punto crítico bajo el puente, donde se acumula tráfico a diario.
Claro está, ninguna de estas
medidas funcionará si no van acompañadas de una adecuada inversión en
señalización y del apoyo temporal de la Policía de Tránsito.
BONUS TRACK : En apenas cinco
días, Cúcuta ha vuelto a ser escenario de una preocupante escalada de
asesinatos. La violencia, ligada en gran medida a las disputas entre bandas del
microtráfico y estructuras criminales, se ha convertido en un problema que
golpea la seguridad ciudadana sin que se vean respuestas claras y contundentes
por parte de las autoridades. La ciudad no puede normalizar esta racha
sangrienta: la ciudadanía exige resultados y no simples declaraciones.
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