domingo, 10 de agosto de 2025

CONTROL O ESPEJISMO ? CUAL SERÁ EL FUTURO DE LA EIS CÚCUTA?

 




El anuncio del alcalde Jorge Acevedo de que Cúcuta será “dueña de la mitad más uno” del agua y del aseo ha despertado expectativas, pero también dudas. No es la primera vez que una ciudad colombiana intenta recuperar el control de sus servicios públicos, y la experiencia de Barranquilla con la Triple A ofrece lecciones que no pueden ser ignoradas.

En 2001, la empresa pública madrileña Canal de Isabel II, a través de su filial Inassa, compró la mayoría accionaria de la Triple A con el compromiso de modernizar el servicio. Sin embargo, con el tiempo, la promesa se desmoronó: la Operación Lezo destapó una trama de corrupción internacional, cobros ficticios, sobrecostos y pérdida de soberanía en la gestión. Colombia terminó expropiando las acciones y hoy enfrenta una demanda millonaria en el CIADI por parte del Canal de Isabel II.

Este antecedente demuestra que tener más acciones no siempre significa tener más control. Cuando la estructura institucional es débil y la supervisión ciudadana escasa, los socios —incluso si son empresas públicas extranjeras— pueden operar bajo lógicas de rentabilidad que dejan al interés público en segundo plano.

En el caso de Cúcuta, hay que reconocer que, desde que se firmó el contrato de concesión con Aguas Kpital, los servicios de acueducto y alcantarillado han mejorado en cobertura, continuidad y calidad frente a lo que se tenía antes. Esa realidad obliga a que cualquier cambio de modelo no sea un salto al vacío: no se trata de retroceder, sino de avanzar sobre lo que ya funciona bien, corrigiendo las debilidades y fortaleciendo la gestión pública.

Y aquí surge la gran pregunta: si ya existe la EIS (Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Cúcuta), que es pública y local, ¿por qué pensar en crear una nueva empresa para manejar el agua y el aseo? ¿No sería más sensato fortalecer la EIS, dotarla de recursos técnicos, financieros y humanos, y garantizar que tenga autonomía para operar con transparencia?

La creación de una nueva entidad podría abrir la puerta a escenarios confusos: estructuras paralelas, repartición de funciones sin claridad, acuerdos con privados que limiten la soberanía municipal o, peor aún, duplicación de costos operativos. Además, la historia demuestra que los cambios de figura jurídica no siempre significan mejoras para los usuarios; a veces, solo sirven para cambiar los nombres en el organigrama, mientras los problemas persisten.

Si el objetivo es recuperar el control y mejorar el servicio, la prioridad debería ser fortalecer lo que ya existe, no inventar nuevos experimentos institucionales que puedan replicar errores pasados. La EIS, como empresa pública local, podría ser el eje de una estrategia de gestión eficiente, con mecanismos de control ciudadano, transparencia en la contratación y un modelo de gobierno corporativo blindado contra la corrupción.

La lección de Barranquilla es clara: no basta con cambiar de dueño o crear una nueva empresa; lo esencial es construir un sistema donde el agua y el aseo estén al servicio de la gente, no de balances financieros ni intereses ajenos. En el caso de Cúcuta, el riesgo es que el “control” que promete la mitad más uno termine siendo solo un espejismo, y que la EIS, en lugar de fortalecerse, sea relegada o absorbida en un esquema que repita viejas historias de fracaso.

 En el papel, “la mitad más uno” suena a control; en la realidad, puede ser apenas un cambio de etiqueta si no se define con precisión qué pasará con la EIS. Cúcuta ya tiene una empresa pública local que puede ser la columna vertebral de un modelo eficiente y transparente. Crear una nueva entidad sin una razón técnica sólida sería repetir el viejo vicio de desarmar lo que funciona para montar estructuras que luego nadie controla. El agua y el aseo no admiten improvisaciones: o se gobiernan con visión y honestidad, o se convierten en el próximo capítulo de una historia que ya vimos… y que costó muy caro.

¿O ME EQUICOCO?

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