viernes, 8 de agosto de 2025

CUCUTA, CIUDAD BAJO LA SOMBRA DEL NARCOTRAFICO.

 

Si los últimos crímenes en Cúcuta están ligados al microtráfico, entonces Cúcuta está tomada por el narcotráfico. La ciudad fronteriza vive una espiral de violencia que parece responder a la consolidación y reacomodo de estructuras criminales que disputan el control de las rutas y plazas de venta de droga.

Hasta junio de 2025, la capital de Norte de Santander registró más de 125 homicidios, lo que llevó a las autoridades a declarar alerta máxima por el creciente deterioro de la seguridad urbana. El alcalde Jorge Acevedo ha señalado que este repunte está directamente relacionado con la reconfiguración de bandas criminales que compiten por plazas de microtráfico y otras rentas ilegales. Dentro de la estrategia “Unidos Avanzamos por Cúcuta, un Territorio Seguro”, la Policía Metropolitana ha realizado varios operativos en barrios como La Ínsula, Pisarreal y Kilómetro 8, con capturas y decomiso de decenas de dosis de bazuco y marihuana listas para su distribución.

En enero de este año, una pareja vinculada al grupo “La Familia P”, conocidos como alias “Maribel” y “Chacarita”, fue detenida mientras distribuía heroína y base de cocaína cerca de instituciones educativas, un hecho que evidenció el impacto del microtráfico en entornos escolares. Un mes después, las autoridades desarticularon una red que procesaba cocaína en laboratorios ubicados en Tibú, El Tarra y Sardinata, coordinando el transporte hacia Cúcuta y la Costa Atlántica. Incluso dentro de la Cárcel Modelo de la ciudad se descubrió en mayo una estructura de microtráfico que operaba con abastecimiento de estupefacientes y extorsiones.

El vínculo entre microtráfico y homicidios en Cúcuta no deja lugar a dudas. La ubicación estratégica de la ciudad, a pocos kilómetros de la frontera con Venezuela, la convierte en un punto neurálgico para el comercio y distribución de drogas, alimentando la violencia y fortaleciendo estructuras criminales que trascienden el menudeo. Esta realidad plantea un interrogante inquietante: ¿está Cúcuta realmente tomada por el narcotráfico? Las capturas y golpes operativos, aunque importantes, no han logrado desarticular por completo estas redes, y la población sigue sintiendo el peso de la inseguridad en su vida cotidiana.

La lucha contra este fenómeno no puede limitarse a la represión policial. Requiere una estrategia integral que incluya inversión social, recuperación de espacios públicos, oportunidades laborales y presencia constante del Estado en los barrios más afectados. Solo así la ciudad podrá aspirar a recuperar sus calles y revertir la sensación de que el narcotráfico dicta las reglas del juego.

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