Ayer tuve que transitar por el
puente de la Gazapa para dirigirme hacia el sector de Prados del Este y por un
momento pensé que estaba atrapado en medio de un monumental trancón en Bogotá,
y no en la ciudad de Cúcuta.
La fila de carros iniciaba en la
Avenida Libertadores y se extendía hasta el Anillo Vial Oriental. Y lo más
sorprendente es que no era hora pico laboral. Era un sábado a las ocho de la
noche.
Entonces surge la pregunta
inevitable: ¿qué está pasando con la movilidad en ese punto de la ciudad?
Alguien tuvo la brillante idea de
instalar una pequeña redoma o rotonda justo antes de iniciar la subida al Puente
de la Gazapa, en el sentido occidente–oriente. Y por si fuera poco, también
se añadieron reductores de velocidad.
La circulación se vuelve lenta,
los vehículos se acumulan y lo que debería ser un corredor de movilidad termina
convertido en un embudo.
Desde hace meses he venido
alzando la voz sobre otro problema similar: los reductores de velocidad
instalados en la Avenida Libertadores. La intención, seguramente, era
prevenir accidentes. Sin embargo, en la práctica ocurre lo contrario de lo que
se pretendía.
No solo no han demostrado ser una
solución efectiva para mejorar la seguridad vial, sino que en las horas pico
generan verdaderos colapsos en ambos sentidos de la vía, tanto norte–sur como
sur–norte.
Y ahora, para completar el
panorama, esa misma lógica de improvisación parece haberse trasladado al acceso
del puente de la Gazapa: reductores de velocidad y una rotonda en un punto de
altísimo flujo vehicular.
Quienes conocen el funcionamiento
de las rotondas saben que no siempre son una solución adecuada. En muchas
ocasiones, especialmente en zonas con tráfico intenso, se convierten en
escenarios de disputa vial: todos quieren pasar primero, tanto quienes entran
como quienes salen.
La movilidad urbana no se puede
improvisar.
Las decisiones sobre el diseño de
las vías deben responder a estudios técnicos serios de tránsito, flujo
vehicular y seguridad vial. De lo contrario, lo que termina ocurriendo es
exactamente lo que estamos viendo: soluciones que terminan creando nuevos problemas.
Cúcuta es una ciudad que ha
crecido rápidamente en los últimos años. Su parque automotor aumenta cada día y
la infraestructura vial debe adaptarse a esa realidad.
Pero eso exige planificación, no
experimentos.
¿hay alguien escuchando estos
reclamos ciudadanos y evaluando realmente qué está pasando con la movilidad en
estos puntos críticos de la ciudad?
“Porque gobernar una ciudad no
es poner reductores y rotondas al azar: es entender cómo se mueve la ciudad
antes de terminar paralizándola.” ¿ O ME EQUIVOCO ?
Saben más de otra cosa que de movilidad, salen al exterior a mover su plática no traen nada bueno de lo ven, solo llevan.
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