Colombia decide si existe o no...
Mientras Colombia se debate entre la derecha y la izquierda, entre si la “paz total” fue un fracaso o una apuesta fallida, hay una realidad silenciosa que avanza sin hacer ruido, pero con consecuencias mucho más profundas.
Una noticia que ha pasado casi desapercibida: cada vez nacen
menos colombianos. Y no es una percepción, es un hecho. En 2025 el país
registró apenas 433.678 nacimientos, la cifra más baja de la última
década, consolidando una caída sostenida que ya supera el 30% frente a lo que
ocurría hace apenas diez años.
Pero el dato más preocupante no es solo cuántos nacen, sino
cuántos dejamos de reemplazar. Hoy Colombia tiene una tasa de fecundidad
cercana a 1,0 hijos por mujer, cuando el nivel necesario para mantener
la población es de 2,1. Es decir, estamos produciendo menos de la mitad de
los hijos que se necesitan para sostener la sociedad en el tiempo.
Y aquí es donde el problema deja de ser estadístico y se
vuelve estructural.
Porque esto no es solo Colombia. Es un fenómeno global. Europa lleva años con tasas cercanas a 1,3 hijos por mujer, Japón ronda 1,2 y países como Corea del Sur han caído por debajo de 1. Es decir, el mundo desarrollado envejece. Pero hay una diferencia clave: a ellos les tomó décadas llegar ahí.
A nosotros nos está pasando en menos de veinte años.
Colombia pasó de ser un país con crecimiento poblacional
estable a uno que empieza a vaciar sus cunas a una velocidad que ni siquiera
los países más ricos experimentaron. Y eso cambia todo.
Cambia la economía, cambia el mercado laboral, cambia la
estructura social y, sobre todo, cambia el futuro.
Porque las políticas públicas —si es que aún creemos en
ellas— se diseñan con base en proyecciones. Se asume que habrá nuevas
generaciones que trabajen, coticen, consuman y sostengan el sistema. Pero hoy
esas generaciones simplemente están dejando de existir.
Estamos discutiendo una reforma pensional basada en que los
jóvenes de mañana financien a los adultos mayores de hoy. Pero la pregunta es
inevitable: ¿cuáles jóvenes? Estamos debatiendo una reforma a la salud que
necesita equilibrio financiero, ingresos constantes, personas aportando. Pero
ese equilibrio —como en el sistema solar— depende de la masa, y esa masa se
está reduciendo.
Estamos diseñando un país para una población que ya no
viene.
Y entonces la discusión se vuelve más incómoda. ¿Por qué
nacen menos colombianos?
Y también porque el país no está ofreciendo razones
suficientes para creer en el futuro.
Ahí es donde esto deja de ser un problema demográfico y se
convierte en un reflejo profundo de lo que somos como sociedad.
Ahora, si bajamos la mirada a lo local, la pregunta es
inevitable: ¿qué pasa en ciudades como Cúcuta?
Aunque las cifras municipales no siempre tienen la misma
visibilidad nacional, la tendencia es la misma: menos nacimientos, menos
familias nuevas, más envejecimiento progresivo. Y en una ciudad marcada por la
informalidad, la falta de oportunidades y la presión económica diaria, la
decisión de tener hijos se vuelve aún más difícil.
Lo que hoy parece una estadística, mañana será una realidad
tangible: menos niños en los colegios, menos jóvenes en el mercado laboral,
menos contribuyentes sosteniendo sistemas que ya hoy son frágiles, y más
adultos mayores dependiendo de ellos.
Es una ecuación simple… con consecuencias enormes.
Nos estamos convirtiendo en un país de abuelos.
Y no hay nada malo en envejecer. El problema es envejecer
sin relevo. Porque un país que deja de tener hijos no solo pierde población,
pierde dinamismo, pierde crecimiento, pierde futuro.
Aquí no estamos hablando de ideologías, ni de izquierda ni
de derecha. Estamos hablando de algo más profundo: de una sociedad que, poco a
poco, está dejando de creer en el mañana.
Y tal vez esa sea la verdadera crisis de Colombia.
No la política.
No la económica.
Sino una más silenciosa y peligrosa:
la crisis de un país que ya no está seguro de querer
existir en el futuro. ¿O ME EQUIVOCO?
Excelente tema. Felicitaciones
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