Esta columna no pretende promover ni descalificar ninguna tendencia política o candidatura presidencial. Desde el respeto por la diversidad de pensamiento y la libertad democrática de los colombianos, su único propósito es ofrecer a los nortesantandereanos una mirada crítica, amplia y reflexiva sobre las propuestas, visiones y posibles impactos que cada aspirante tendría para Cúcuta y Norte de Santander en los próximos cuatro años.
Al sentarme a
escribir esta columna faltan apenas 20 días, 14 horas, 5 minutos y 44 segundos
para que se abran las urnas en la primera vuelta presidencial en Colombia. Unas
elecciones que ya muchos consideran históricas y de las que todo el país habla
a diario: entre la furia y la esperanza, entre la incertidumbre y el miedo,
entre la ilusión de avanzar o el temor de fracasar nuevamente como nación.
Así transcurren
hoy los días en Colombia: esperando. Esperando casi como quien espera un
mesías, mientras el tiempo político se agota y las regiones siguen reclamando
respuestas.
Los candidatos
que lideran las encuestas ya pasaron por Cúcuta. Todos aseguran haber llenado
plazas públicas. Unos hablan de cinco mil asistentes, otros de diez mil, e
incluso algunos elevan la cifra hasta veinte mil personas acompañando sus
recorridos. Pero más allá de la euforia electoral, de las caravanas y de las
fotografías para redes sociales, sigue faltando lo esencial: claridad sobre qué
propone realmente cada uno para Norte de Santander.
Porque para
Cúcuta y el departamento, la seguridad no es un debate ideológico: es una
necesidad cotidiana. La presencia de grupos armados, el narcotráfico, las
extorsiones, los secuestros y la violencia urbana convierten este tema en el
principal termómetro para evaluar cualquier candidatura presidencial.
Hoy las
autoridades mantienen operaciones militares y refuerzo institucional en zonas
rurales de Cúcuta y el Catatumbo debido al deterioro del orden público. Y
frente a esa realidad, las propuestas empiezan a marcar profundas diferencias.
Una eventual
presidencia de Paloma Valencia o Abelardo de la Espriella probablemente
significaría una política de seguridad mucho más agresiva y militarizada en
frontera, especialmente contra el ELN, las disidencias y las redes criminales.
Eso podría generar una sensación inmediata de control territorial, aunque
también elevar tensiones en zonas históricamente conflictivas.
En el caso de
Sergio Fajardo, su enfoque combina fortalecimiento policial, inteligencia y
estabilidad institucional. Para Norte de Santander podría representar una
estrategia menos confrontacional que la derecha dura, pero más estricta que el
actual modelo de seguridad.
Y hay un
elemento adicional que hace única esta elección para la región: ningún
departamento depende tanto de la política exterior presidencial como Norte de
Santander. Cada decisión sobre Venezuela impacta directamente el empleo, el
comercio, la migración, la seguridad, la salud y hasta la economía informal de
miles de familias cucuteñas.
En contraste,
un gobierno de línea más dura como el de Valencia o De la Espriella podría
endurecer controles fronterizos y priorizar la seguridad sobre la integración
económica. Eso podría mejorar el control territorial, aunque también afectaría
la dinámica comercial binacional de la que dependen miles de personas.
Fajardo, por su
parte, probablemente mantendría una relación pragmática con Venezuela,
intentando equilibrar seguridad y apertura económica gradual.
La salud
representa otro de los grandes dramas regionales. La red hospitalaria de Norte
de Santander vive bajo presión permanente debido a la migración, la
sobreocupación, el déficit financiero y una demanda regional que supera la
capacidad instalada.
Hoy el sistema
de salud colombiano atraviesa probablemente la peor crisis de su historia
reciente.
Una continuidad
de reformas similares a las actuales, impulsadas desde sectores cercanos a
Cepeda, podría transformar profundamente el modelo de EPS, aunque existe temor
regional sobre la capacidad administrativa y financiera para sostener el
sistema.
Fajardo plantea
fortalecer las EPS y la atención primaria, algo que podría generar mayor
estabilidad para la red hospitalaria fronteriza.
Mientras tanto,
una eventual administración de Paloma Valencia o Abelardo de la Espriella
apostaría por reforzar el modelo mixto actual, fortalecer la gerencia
hospitalaria y ejercer un mayor control fiscal sobre el sistema.
En materia
económica, la deuda histórica sigue intacta. Cúcuta continúa siendo una de las
ciudades con mayores niveles de informalidad y desempleo del país.
Aquí el impacto
presidencial es determinante porque depende de la apertura comercial, de los
incentivos empresariales, de la inversión pública nacional y de una verdadera
estabilización del intercambio binacional.
Cepeda ha
hablado de reactivación económica fronteriza y apoyo a empresarios medianos.
Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella proponen atraer inversión mediante
reducción de inseguridad y fortalecimiento de la confianza empresarial. Fajardo
apuesta por estabilidad fiscal y fortalecimiento institucional.
Pero la gran
pregunta continúa sin respuesta clara:
¿Quién tiene
realmente un plan económico exclusivo para la frontera?
Porque
cualquier presidente que llegue a la Casa de Nariño en 2026 (sea de izquierda,
derecha, centro o progresismo) será juzgado en Norte de Santander por lo que
ocurra en el Catatumbo durante los próximos cuatro años.
Y es allí donde
Colombia tiene hoy uno de sus mayores desafíos nacionales: cultivos ilícitos,
grupos armados, pobreza, desplazamiento masivo y una crisis humanitaria que
parece avanzar más rápido que las soluciones del Estado.
La población
del departamento está cansada de escuchar promesas nacionales que nunca se
traducen en resultados concretos. El agotamiento ciudadano frente al discurso
político tradicional es cada vez más evidente.
Por eso, para
Norte de Santander, la elección presidencial de 2026 no definirá solamente
quién gobernará Colombia.
Definirá quién
está dispuesto, por fin, a mirar seriamente hacia Cúcuta y la frontera.
Porque después
de décadas de abandono, la verdadera pregunta no es quién ganará las
elecciones.





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