Pero, si vamos a ser francos,
con todo lo que se ha endeudado el municipio durante esta administración, ¿cuál
es la gran obra que le va a dejar a Cúcuta? Yo, sinceramente, no la veo.
Una ciudad no se transforma
porque inaugure obras. Se transforma cuando esas obras consiguen que sus
ciudadanos vivan mejor.
Parece una frase sencilla,
pero contiene una pregunta que la Administración Municipal y el Concejo de
Cúcuta deberían responderle a la ciudadanía: ¿cuánto de lo que hoy se anuncia,
se contrata y se construye está modificando realmente la vida de los cucuteños?
Veo a diario el avance del embellecimiento del sector del canal Bogotá, a la altura del cruce hacia el barrio El Bosque, y parece que este ejercicio irá hasta La Libertadores. Y eso está bien. Está quedando bonito. Pero una administración sin contexto corre el riesgo de convertirse en una administración llena de pretextos. Y entonces nos preguntam
os: ¿cuáles son las prioridades de una ciudad como Cúcuta en la
ejecución de sus ingresos o, mejor aún, de sus empréstitos? ¿Había, por
casualidad, algo más importante que resolver en la ciudad?
Porque gobernar una ciudad no
puede convertirse en una competencia por mostrar metros de pavimento, parques
recuperados, escenarios deportivos o proyectos anunciados. Las obras son
necesarias, por supuesto. Pero una ciudad puede tener más cemento y continuar
teniendo los mismos problemas de fondo.
Y Cúcuta tiene varios.
El mercado laboral es quizá
uno de los mejores ejemplos. Durante el primer trimestre de 2026, Cúcuta y su
área metropolitana registraron una tasa de desempleo del 12 %. Pero el dato
verdaderamente preocupante está en la informalidad: 62,3 % de los ocupados. Es
decir, más de seis de cada diez trabajadores siguen vinculados al mercado
laboral en condiciones de informalidad.
Eso debería ser suficiente
para que la palabra “productividad” dejara de ser un simple componente del
nombre del Plan de Desarrollo y se convirtiera en una obsesión de gobierno.
Porque una ciudad no es
productiva simplemente porque tenga comercio. No es productiva porque sus
calles estén llenas de vendedores, motocicletas y pequeños negocios. Una ciudad
productiva es aquella capaz de generar empresas, atraer inversión, crear empleos
formales, aumentar los ingresos de sus trabajadores y ofrecer oportunidades
para que los jóvenes no tengan que vivir del rebusque.
¿Cuál es la gran estrategia de
Cúcuta para pasar de una economía de supervivencia a una economía de
productividad?
No basta con organizar ferias
de empleo, capacitar personas o anunciar programas. Necesitamos saber cuántos
empleos formales se han creado, cuántas empresas nuevas sobreviven, cuánto
capital privado está llegando, cuánto aumenta la productividad y cuánto
disminuye realmente la informalidad.
Porque si dentro de dos años
seguimos teniendo una informalidad cercana al 60 %, podremos haber pavimentado
muchas calles, pero no habremos transformado la estructura económica de la
ciudad.
La Administración Municipal ha
bautizado su hoja de ruta como “Cúcuta Perseverante, Segura y Productiva”. Es
un nombre ambicioso.
Una administración
perseverante debería preguntarse: ¿qué problemas llevamos 10, 20 o 30 años
tratando de resolver y todavía no hemos solucionado? Y concentrar allí
buena parte de su capacidad de gobierno.
Una Cúcuta segura no es
solamente aquella donde bajan los homicidios. Es una ciudad donde el ciudadano puede
salir de su casa, caminar, utilizar el transporte, llevar a sus hijos al
colegio, abrir un negocio y regresar por la noche sin sentir que está
arriesgando su vida o sus bienes.
Una Cúcuta productiva no puede
ser una ciudad donde más del 60 % de los trabajadores permanece en la
informalidad.
Productividad significa
empresas que crecen, inversión privada, empleo formal, mejores salarios,
innovación, capacitación, tecnología, exportaciones y jóvenes preparados para
trabajos de mayor valor.
Pero dentro de algunos años
nadie recordará el nombre del plan. Los ciudadanos recordarán si consiguieron
empleo, si pudieron caminar tranquilos por su barrio, si sus hijos recibieron
mejor educación, si las calles dejaron de inundarse, si el transporte mejoró y
si la ciudad consiguió generar oportunidades.
Porque una ciudad no se
transforma gastando más. Se transforma gastando mejor.
Y si Cúcuta necesita seguir
incorporando recursos que no logró ejecutar oportunamente, mientras más del 60
% de sus trabajadores continúa en la informalidad y la ciudad sigue enfrentando
problemas graves de seguridad, entonces debemos hacernos una pregunta incómoda:
¿El problema de Cúcuta es
realmente la falta de recursos o la falta de prioridades?
¿Cúcuta está construyendo más
o realmente está consiguiendo que sus ciudadanos vivan mejor? ¿O me equivoco?
Te faltó esta: Pagó dos páginas completas en la des-opinión el 2 de enero después de montar sobre la movilidad y el espacio público. Nos faltaba un Alcalde ñero; ahí lo tienen.
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