domingo, 13 de septiembre de 2026

“Perseverante, Segura y Productiva: tres palabras, muchas preguntas”

 




Pero, si vamos a ser francos, con todo lo que se ha endeudado el municipio durante esta administración, ¿cuál es la gran obra que le va a dejar a Cúcuta? Yo, sinceramente, no la veo.

Una ciudad no se transforma porque inaugure obras. Se transforma cuando esas obras consiguen que sus ciudadanos vivan mejor.

Parece una frase sencilla, pero contiene una pregunta que la Administración Municipal y el Concejo de Cúcuta deberían responderle a la ciudadanía: ¿cuánto de lo que hoy se anuncia, se contrata y se construye está modificando realmente la vida de los cucuteños?

Veo a diario el avance del embellecimiento del sector del canal Bogotá, a la altura del cruce hacia el barrio El Bosque, y parece que este ejercicio irá hasta La Libertadores. Y eso está bien. Está quedando bonito. Pero una administración sin contexto corre el riesgo de convertirse en una administración llena de pretextos. Y entonces nos preguntam

os: ¿cuáles son las prioridades de una ciudad como Cúcuta en la ejecución de sus ingresos o, mejor aún, de sus empréstitos? ¿Había, por casualidad, algo más importante que resolver en la ciudad?

Porque gobernar una ciudad no puede convertirse en una competencia por mostrar metros de pavimento, parques recuperados, escenarios deportivos o proyectos anunciados. Las obras son necesarias, por supuesto. Pero una ciudad puede tener más cemento y continuar teniendo los mismos problemas de fondo.

Y Cúcuta tiene varios.

El mercado laboral es quizá uno de los mejores ejemplos. Durante el primer trimestre de 2026, Cúcuta y su área metropolitana registraron una tasa de desempleo del 12 %. Pero el dato verdaderamente preocupante está en la informalidad: 62,3 % de los ocupados. Es decir, más de seis de cada diez trabajadores siguen vinculados al mercado laboral en condiciones de informalidad.

Eso debería ser suficiente para que la palabra “productividad” dejara de ser un simple componente del nombre del Plan de Desarrollo y se convirtiera en una obsesión de gobierno.

Porque una ciudad no es productiva simplemente porque tenga comercio. No es productiva porque sus calles estén llenas de vendedores, motocicletas y pequeños negocios. Una ciudad productiva es aquella capaz de generar empresas, atraer inversión, crear empleos formales, aumentar los ingresos de sus trabajadores y ofrecer oportunidades para que los jóvenes no tengan que vivir del rebusque.

¿Cuál es la gran estrategia de Cúcuta para pasar de una economía de supervivencia a una economía de productividad?

No basta con organizar ferias de empleo, capacitar personas o anunciar programas. Necesitamos saber cuántos empleos formales se han creado, cuántas empresas nuevas sobreviven, cuánto capital privado está llegando, cuánto aumenta la productividad y cuánto disminuye realmente la informalidad.

Porque si dentro de dos años seguimos teniendo una informalidad cercana al 60 %, podremos haber pavimentado muchas calles, pero no habremos transformado la estructura económica de la ciudad.

La Administración Municipal ha bautizado su hoja de ruta como “Cúcuta Perseverante, Segura y Productiva”. Es un nombre ambicioso.

Una administración perseverante debería preguntarse: ¿qué problemas llevamos 10, 20 o 30 años tratando de resolver y todavía no hemos solucionado? Y concentrar allí buena parte de su capacidad de gobierno.

Una Cúcuta segura no es solamente aquella donde bajan los homicidios. Es una ciudad donde el ciudadano puede salir de su casa, caminar, utilizar el transporte, llevar a sus hijos al colegio, abrir un negocio y regresar por la noche sin sentir que está arriesgando su vida o sus bienes.

Una Cúcuta productiva no puede ser una ciudad donde más del 60 % de los trabajadores permanece en la informalidad.

Productividad significa empresas que crecen, inversión privada, empleo formal, mejores salarios, innovación, capacitación, tecnología, exportaciones y jóvenes preparados para trabajos de mayor valor.

Pero dentro de algunos años nadie recordará el nombre del plan. Los ciudadanos recordarán si consiguieron empleo, si pudieron caminar tranquilos por su barrio, si sus hijos recibieron mejor educación, si las calles dejaron de inundarse, si el transporte mejoró y si la ciudad consiguió generar oportunidades.

Porque una ciudad no se transforma gastando más. Se transforma gastando mejor.

Y si Cúcuta necesita seguir incorporando recursos que no logró ejecutar oportunamente, mientras más del 60 % de sus trabajadores continúa en la informalidad y la ciudad sigue enfrentando problemas graves de seguridad, entonces debemos hacernos una pregunta incómoda:

¿El problema de Cúcuta es realmente la falta de recursos o la falta de prioridades?

¿Cúcuta está construyendo más o realmente está consiguiendo que sus ciudadanos vivan mejor? ¿O me equivoco?

 


1 comentario:

  1. Te faltó esta: Pagó dos páginas completas en la des-opinión el 2 de enero después de montar sobre la movilidad y el espacio público. Nos faltaba un Alcalde ñero; ahí lo tienen.

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