Hace unos días, mientras
conversaba con mi padrino, una persona con amplios conocimientos en materia
educativa, discutimos sobre si los docentes en Colombia están siendo evaluados
adecuadamente y qué tanta responsabilidad tiene en la calidad de la educación
actual. La conversación surgió a propósito de los resultados de las pruebas
PISA. Al final, mi padrino cerró la charla diciéndome que, para hablar de
educación, hay que conocer a fondo cómo funciona el sistema. Así que decidí
dedicar tres semanas a investigar el tema. Este es el resultado de esa
investigación.
La crisis de la educación
exige evaluar a los maestros con rigor, revisar el papel de los sindicatos,
comprometer a las familias y exigirle al Estado resultados concretos. Defender
al docente no significa blindarlo de toda crítica; exigirle calidad tampoco
significa convertirlo en el único culpable.
La educación colombiana
necesita una discusión seria, sin discursos complacientes, sin defensas
corporativas y sin la costumbre de buscar culpables mientras los problemas
permanecen intactos. Porque detrás de cada cifra educativa hay un niño que
necesita aprender, un joven que busca oportunidades y una familia que deposita
en la escuela la esperanza de un futuro mejor.
Los resultados más recientes
de las pruebas PISA, correspondientes al ciclo de 2025 y publicados por la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) el 8 de
septiembre de 2026, deben ocupar un lugar central en el debate sobre la calidad
de la educación colombiana. En matemáticas, apenas el 29 % de los estudiantes
alcanzó el nivel básico de competencia, frente al 65 % del promedio de la OCDE.
En lectura, solo el 46 % llegó a ese nivel, comparado con el 69 % de los países
de la organización; mientras que en ciencias lo consiguió el 50 %, frente al 74
% del promedio de la OCDE. Aunque el desempeño colombiano se mantuvo
aproximadamente en los niveles de 2022, los resultados en matemáticas y lectura
siguen por debajo de los registrados en 2018. Estas cifras no autorizan a
señalar a los docentes como únicos responsables, pero tampoco permiten
normalizar las dificultades. La pregunta es inevitable: ¿qué estamos haciendo
como país para que nuestros estudiantes desarrollen las competencias necesarias
para comprender, razonar y enfrentar los desafíos del siglo XXI? PISA no evalúa
individualmente a cada maestro ni explica por sí sola todas las causas del
problema, pero sí ofrece una señal que el Gobierno, las secretarías de
Educación, los directivos escolares, los sindicatos y las familias deben
atender con seriedad. Seguir buscando excusas, sin revisar las prácticas
pedagógicas, la formación docente, las condiciones de las instituciones y el
acompañamiento familiar, sería prolongar una discusión que nuestros niños y
jóvenes no pueden darse el lujo de esperar.
La próxima evaluación de pisa según el calendario será para el 2029 eso incluirá todo el periodo desde 2025…
Estas cifras plantean una
pregunta inevitable: ¿estamos formando a los estudiantes para comprender,
razonar, resolver problemas y enfrentar los desafíos del siglo XXI, o seguimos
atrapados en un modelo que privilegia la memorización, el cumplimiento de contenidos
y la aprobación de asignaturas?
PISA no evalúa individualmente
a cada maestro ni puede explicar por sí sola todas las causas de las
dificultades educativas. Sin embargo, sí ofrece señales que ningún gobierno,
sindicato, directivo escolar o comunidad educativa debería ignorar. Cuando los
resultados permanecen estancados, la respuesta no puede limitarse a presentar
excusas ni a responsabilizar exclusivamente a las condiciones sociales. Es
necesario revisar qué está fallando y qué debe cambiar.
En Colombia existe una
discusión que suele generar resistencia: ¿cómo evaluar a quienes tienen la
responsabilidad de educar a las nuevas generaciones?
La evaluación docente no
debería entenderse como una amenaza contra el magisterio, sino como una
herramienta para garantizar que los estudiantes reciban una educación de
calidad. Así como un médico debe actualizar sus conocimientos y un profesional
responde por el ejercicio de sus funciones, el docente también necesita
demostrar que cuenta con las competencias pedagógicas, disciplinares y humanas
necesarias para cumplir su misión.
Pero hay que hablar con
precisión. En Colombia no todos los maestros están sometidos exactamente al
mismo régimen. El Decreto Ley 1278 de 2002 estableció un sistema de carrera
docente para quienes ingresaron bajo ese estatuto, mientras que otros educadores
se rigen por disposiciones anteriores, como el Decreto 2277 de 1979. Por eso,
cualquier propuesta de evaluación debe considerar esas diferencias legales.
La pregunta no es si debemos
evaluar a los docentes. La pregunta es si estamos evaluando bien, con criterios
transparentes, evidencia verificable, acompañamiento profesional y
consecuencias claras.
Colombia necesita fortalecer
la evaluación docente mediante un sistema técnico, transparente y
suficientemente independiente, que complemente los mecanismos existentes y
permita identificar fortalezas, dificultades y necesidades de formación.
No se trata de someter a los
maestros a un examen aislado ni de convertirlos en los únicos responsables de
los problemas educativos. Se trata de observar sus prácticas pedagógicas, la
planeación de las clases, la capacidad para explicar conceptos, la atención a
las dificultades de aprendizaje, el ambiente del aula y el progreso de los
estudiantes, teniendo en cuenta sus condiciones de partida.
Cuando un educador demuestra
buenos resultados, su trabajo debe reconocerse. Cuando presenta dificultades,
debe recibir formación, acompañamiento y oportunidades reales de mejoramiento.
Y cuando existen deficiencias persistentes y debidamente comprobadas, después
de garantizar el apoyo correspondiente y el debido proceso, deben aplicarse las
consecuencias previstas en la ley.
La evaluación sin
acompañamiento se convierte en castigo; el acompañamiento sin exigencia puede
terminar en complacencia. Un sistema educativo serio necesita ambas cosas:
apoyo para mejorar y responsabilidad frente a los resultados.
También debe revisarse la
calidad de los programas de formación inicial y continua de los maestros. No
basta con acumular certificados, asistir a cursos o cumplir requisitos
formales. La capacitación debe responder a las necesidades reales de las aulas,
fortalecer la enseñanza de matemáticas, lectura y ciencias, incorporar
herramientas digitales con sentido pedagógico y ofrecer estrategias para
atender a estudiantes con diferentes ritmos y condiciones de aprendizaje.
La responsabilidad tampoco
termina en la puerta del colegio. La familia es parte fundamental de la
formación de niños y jóvenes, y su participación puede marcar diferencias
importantes en los hábitos de lectura, la disciplina, la asistencia, la
motivación y el desarrollo emocional.
Por eso, las instituciones
educativas deben construir mecanismos de comunicación accesibles y útiles, no
limitarse a convocar reuniones a las que muchos acudientes no pueden asistir.
Orientación familiar, seguimiento oportuno, escuelas de padres y acuerdos
claros sobre hábitos de estudio pueden contribuir a recuperar esa alianza
indispensable entre el hogar y el colegio.
Colombia necesita un acuerdo
educativo que trascienda los gobiernos y las disputas sindicales. Un acuerdo
que fortalezca la evaluación docente con criterios técnicos y transparentes;
garantice formación permanente vinculada a las necesidades del aula; reduzca
las desigualdades entre instituciones; promueva la participación familiar y
publique periódicamente indicadores que permitan conocer los avances y las
dificultades. El propósito no es producir más documentos ni crear otra
estructura burocrática. Es conseguir que cada peso invertido y cada decisión
pedagógica contribuyan a que los estudiantes aprendan más y mejor.
Porque al final, el centro de
esta discusión no es el Gobierno, el sindicato ni siquiera el maestro
considerado de manera aislada. Son los millones de niños y jóvenes que llegan
cada mañana a las aulas con la esperanza de encontrar allí las herramientas para
construir un futuro diferente. ¿ O ME EQUIVOCO?
Fuentes de referencia
- OCDE
— Resultados PISA 2025 para Colombia:
- Ministerio
de Educación Nacional — Evaluación anual de desempeño de docentes y
directivos docentes: https://www.mineducacion.gov.co/portal/micrositios-preescolar-basica-y-media/Evaluacion/Evaluacion-de-Docentes-y-Directivos-Docentes/397376:Evaluacion-anual-de-desempeno
- Función
Pública — Decreto Ley 1278 de 2002: https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=5353

La prueba obviamente acaba de evaluar es a los docentes. Quienes perdieron fueron los maestros que no preparan bien a sus alumnos. Y la segunda causa son nuestros hogares que no ayudamos a formar. Debemos preparar a los maestros para que les vaya bien a los estudiantes
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