¿Recuerdan el sector del “Triángulo” en la ciudad de Cúcuta? Hace apenas unos días estuve por allí con la intención de ver y sentir un entorno mejor, tanto en seguridad como en urbanismo. Lo que encontré fue, en esencia, el mismo Parque Lineal deteriorado. Y digo deteriorado porque, personalmente, nunca me ha gustado: me parece un esperpento urbanístico y un desaprovechamiento de un área estratégica que pudo convertirse en un verdadero pulmón verde y en un eje de renovación urbana para la ciudad.
Pero más allá de la estética, lo que motivó esta columna fue la realidad social y de seguridad que encontré. En el lugar había un CAI móvil instalado sobre un terreno de tierra, como si estuviera aislado en medio del desierto urbano. Justo frente a él, numerosos habitantes de calle consumían sustancias psicoactivas a plena luz del día, ante la mirada de transeúntes, hombres, mujeres y niños. No sé qué tanto haya mejorado la seguridad en este sector después de la demolición del Triángulo, pero lo cierto es que transitar por allí, a pie o incluso en vehículo, no genera ninguna sensación de tranquilidad. Personas cocinando en ollas improvisadas sobre el espacio público, ocupación informal de la vía y un CAI que, aunque presente, no parecía acompañado de una estrategia integral de control. Hago la salvedad: puedo estar equivocado, pero lo que no vi fue una presencia policial efectiva y permanente.
La demolición del Triángulo fue
una intervención necesaria. Durante años fue un enclave de informalidad,
receptación de autopartes robadas y dinámicas criminales que degradaron el
entorno urbano. Sin embargo, derribar estructuras no equivale a transformar la
ciudad. La experiencia en múltiples ciudades latinoamericanas demuestra que
cuando se interviene un foco del delito sin una política social, económica y
urbana integral, el problema simplemente se desplaza; no desaparece.
Se desperdicia un tiempo valioso
sin un plan integral de renovación urbana para este espacio estratégico. La
avenida sexta, amplia en diseño y potencial, se queda corta en la práctica por
el caos de la informalidad, la falta de control del espacio público y la
ausencia de una visión urbanística coherente. Recuperar espacio público no es
tumbar casetas; es llenar el vacío con ciudad: parques vivos, comercio formal,
cultura, iluminación, vigilancia, oportunidades económicas y presencia
institucional permanente.
Ojalá el alcalde haya previsto
recursos dentro del presupuesto con el que hoy se intervienen varios sectores
con asfalto y obras viales, para impactar también el Triángulo y su área de
influencia, incluido el Parque Lineal. Porque, paradójicamente, hoy el sector
es más triangular que nunca: un espacio atrapado entre el abandono, la
informalidad y la improvisación.
Demolimos el Triángulo físico,
pero no demolimos las causas que lo crearon. Mientras sigamos gobernando con
retroexcavadoras y no con ideas, Cúcuta seguirá siendo una ciudad triangular:
atrapada entre el caos, la informalidad y la falta de visión. ¿O ME EQUIVOCO?